Una estrella en el sur de América con nombre de flor

Hay quienes vienen al mundo con una luz especial que ilumina su camino, se dice que esas personas tienen estrella. Pero tener estrella no siempre significa que la vida sea fácil, que haya un camino de rosas y puras alegrías. A veces esa estrella pareciera escapar o esconderse mientras más se le persigue, pero está presente para quienes saben verla y siguen sus anhelos, esto también pasa en la música. 

¿Has escuchado el nombre de Violeta Parra?  Su nombre completo de nacimiento: Violeta del Carmen Parra Sandoval. Fue una niña, una mujer, una artista y toda una leyenda chilena que brilló, resplandeció y ardió como una estrella intensa y fulgurante.

La pequeña Violeta del campo.

Violeta nació el 4 de octubre de 1917 en San Carlos, una comuna del campo chileno en la región del Ñuble, hija del profesor de música Nicanor Parra y Clarisa Sandoval, una mujer campesina. Al nacer ¡la bebé ya tenía dos dientes! lo cual no es muy frecuente en los bebés. Tuvo una infancia difícil, su salud siempre fue frágil, sufrió grandes pérdidas y muertes en su familia, pero esto no impidió que embelleciera la vida con su canto y con todos los proyectos que emprendió.

La niña Violeta conoció la hermosura del entorno natural, el canto de los pajaritos, la libertad del campo, pero sufrió enfermedades desde muy chica, una de ellas fue la viruela que dejó marcas notorias en su rostro, lo cual hacía que se sintiera “fea” ¿puedes imaginarlo? seguramente fue algo difícil de sobrellevar, así como varias otras enfermedades que la aquejaron. Eran tiempos difíciles, la medicina no tenía las respuestas ni las soluciones que existen hoy, además de eso la familia de Violeta tenía muy pocos recursos económicos. Nicanor, el padre, perdió el empleo en un par de ocasiones, además de esto tenía gusto por la bohemia y el alcohol, tristemente el hombre murió de tuberculosis (una enfermedad muy contagiosa) cuando la niña tenía 12 años, otro golpe duro que afrontar para ella, ya que ni siquiera podía acercarse a darle un último beso.

Violeta niña

La escuela no era el lugar favorito de Violeta, de niña no disfrutó ser estudiante. Tal vez la escuela que necesitaba no se encontraba entre muros, sino que estaba en los campos de Chile y luego en el mundo entero. El arte fue su refugio, su maestro, su universidad. En una de composiciones cuenta: 

Mejor ni hablar de la escuela,

La odié con todas mis ganas,

Del libro hasta la campana,

Del lápiz al pizarrón,

Del banco hasta el profesor.

Y empiezo a amar la guitarra

Y donde siento una farra

Allí aprendo una canción.

Terminó su educación básica y estudió un par de años en la escuela normal para ser profesora, pero pronto se dio cuenta que los estudios académicos no eran su camino. No todos los genios y genias aprenden de la misma manera ni siguen el mismo rumbo. En cambio, aprendió muchas cosas de otras maneras y en otros lugares, el campo, las personas, la música, las historias, el folclore, las costuras de su madre, los oficios, la tradición oral, los viajes y el trabajo duro. Toda su vida aprendió y también creó, creó mucho, eso es lo que hace una artista.

Aunque Nicanor padre era músico y enseñó a cantar a sus hijos, se cuenta que escondía la guitarra a la pequeña Violeta, que traviesa, y a escondidas, la tomaba para aprender a tocarla. Viendo tocar a su padre y rodeada de un rico y tradicional contexto musical, aprendió con mucho interés a sacarle las notas a ese bello instrumento que se convertiría en su fiel compañera en el canto.

Debido a las dificultades económicas, desde pequeña Violeta ayudaba a su madre con las costuras que esta hacía a los vecinos, era poco el dinero para sobrevivir, así que con casi quince años de edad, Violeta viajó a Santiago con sus hermanos y comenzaron a cantar en calles, en estaciones de tren, circos, en mercados. Cantaron música tradicional: cuecas y tonadas, pero también la música de moda de la época: zarzuela, valses peruanos, rancheras. Luego se hizo adulta y cantaban en locales, bares, así los Parra se fueron haciendo cada vez más conocidos.

Violeta Parra, ca. 1955

La mujer tras las huellas de sus ancestras se abre paso por el mundo entero

Por recomendación de su hermano mayor: el poeta Nicanor Parra, quien fue una persona muy importante para ella, Violeta, siendo ya una mujer adulta de 36 años y 3 hijos, viaja por muchos lugares de su país a recopilar el folclore de Chile, a buscar las canciones del campo. Ella aprendió que “Chile es el mejor libro de folclore que se haya escrito”. El trabajo de recopilación no solo se trataba de la música, sino que fue toda una labor antropológica, la artista anotaba en su libreta no solo las letras de las canciones sino cada detalle del mundo campesino. Buscó en la memoria de estos cultores del folclore, escribía cómo se movían, cómo se vestían, cómo ponían las manos, los pies al cantar, entre muchos detalles que minuciosamente observaba y detallaba en sus apuntes. 

Las cantoras campesinas, que eran dúos o tríos de hermanas que se acompañaban con guitarra y otros instrumentos, tocaban en fiestas como matrimonios y bautizos y eran una tradición musical antigua y auténtica del campo chileno, pero no eran registradas, ni grabadas por ningún medio, así que a Violeta le interesaba poder rescatarlas y darlas a conocer al mundo, de hecho gracias a esa recopilación no se perdieron en la memoria del tiempo.

Estas canciones las mostró a través de un programa radial muy popular que tuvo en la Radio Chilena, se llamaba “Canta con Violeta Parra”, a través del cual se comenzó a hacer muy reconocida llegando a obtener un premio muy prestigioso llamado El Caupolicán de Oro. De estas canciones Violeta grabó cinco discos llamados “El folclore de Chile”.

Entusiasmada por el reciente reconocimiento como folclorista viaja a Varsovia en Polonia  !Sí, a Europa!, con una delegación de artistas que van a representar a Chile, era un viaje largo por barco, a tierras muy lejanas, así que tuvo que dejar a sus cuatro hijos en Chile y tristemente durante el viaje su pequeña hijita, la menor de todas, muere por una pulmonía siendo apenas una bebé, este suceso causó un terrible dolor a la madre quien a pesar de todo tuvo que sobreponerse para continuar con el viaje, con su vida y con su labor artística. Fue una mujer valiente que logró hacerse paso en un mundo complejo y muchas veces cruel. Luego del Festival de Varsovia, Violeta decide viajar a París, allí tuvo grandes dificultades económicas, pero logró vivir casi un año trabajando en restaurantes cantando.

Violeta Parra en el Musée des Arts Decoratifs
Violeta Parra en el Musée des Arts Decoratifs

Cuando vuelve a Chile, comienza a escribir su autobiografía en versos, utilizando una forma de contar historias a través de la poesía muy utilizada en el campo chileno: se trata de las décimas. Las décimas de Violeta Parra contaron historias sobre su vida, su infancia, sus padres, su viaje a Varsovia y la muerte de su hijita Rosita Clara. Pero no solo escribió sobre sí misma, Violeta también escribió sobre su pueblo, sobre la dura realidad que vivía la gente pobre, la inequidad y los abusos de poder, tenía una gran sensibilidad social y una aguda crítica, la injusticia la indignaba. En su música los personajes que aparecen son gente real, no eran caricaturas o idealizaciones de los campesinos, sino chilenos y chilenas de verdad, con sus trabajos, sus oficios, sus sufrimientos, sus chistes y su buen humor. Violeta respetó y admiró el folclore pero lo llenó de vida y de realidad, logró que Chile y su cultura se conociera en el mundo entero a través de sus canciones.

El regalo de Violeta

Música y poesía van juntas, Violeta no solo fue una cantora, guitarrista, sino también compositora. Las letras de sus canciones han recorrido el mundo, con temas simples pero profundos, con raíces en su Chile querido, los campos y su gente, el amor, también las injusticias y la pobreza; fue una mujer apasionada y tierna, con un carácter fuerte, pero gran magnetismo, carisma y un enorme corazón. 

Hay mucho que contar sobre Violeta, sus grandes amores y desamores, sus enormes talentos en diferentes artes, historias que parecen increíbles como por ejemplo cómo llegó a exponer en uno de los museos más importantes del mundo: El Louvre en París, sus obras de arte visual: pinturas, esculturas y arpilleras, siendo la primera mujer latinoamericana en obtener tal logro. Pero para contar una vida entera, sobre todo de una mujer tan completa y polifacética (o sea que podía hacer muchas cosas distintas), necesitaríamos muchas páginas.

Hay mucho que contar sobre Violeta, sus grandes amores y desamores, sus enormes talentos en diferentes artes, historias que parecen increíbles como por ejemplo cómo llegó a exponer en uno de los museos más importantes del mundo: El Louvre en París, sus obras de arte visual: pinturas, esculturas y arpilleras, siendo la primera mujer latinoamericana en obtener tal logro. Pero para contar una vida entera, sobre todo de una mujer tan completa y polifacética (o sea que podía hacer muchas cosas distintas), necesitaríamos muchas páginas. 

Afortunadamente existen múltiples obras que se han publicado sobre la vida de esta gran artista, de esta maravillosa Viola chilensis como la llamó su hermano Nicanor en uno de sus poemas. Se han hecho películas, documentales, libros, canciones, miles de conciertos, actos conmemorativos, etc. Y aún con todos los homenajes, Chile, Latinoamérica y el mundo, le deben mucho a Violeta, así como a tantas mujeres y otras personas que no han entrado a los grandes libros de la Historia y no han recibido el reconocimiento suficiente.

Violeta mientras vivía no pudo disfrutar del fruto de todo su trabajo, no fueron tantos los premios que recibió y siempre tuvo dificultades económicas, supo de la tristeza, la soledad y el dolor, pero siempre se mantuvo digna, hasta el día en que decidió morir y los pájaros azules escaparon de su cabeza como dijo su amigo el gran cantautor, guitarrista y poeta: Atahualpa Yupanqui.

Hoy Violeta es un ícono importantísimo para la cultura nacional y latinoamericana, pero aún así, probablemente no ha sido reconocida como debiera, ya que siempre se ha relegado la cultura popular como algo inferior a la gran cultura de élite, además de la discriminación que sufrió esta mujer porque la consideraban desaliñada, estaba a favor de los pobres, los excluidos, no vestía ropa de moda ni fina, hasta se consideraba fea y decía que la llamaban “maleza”.

Violeta decía “yo canto a la diferencia” y tal vez es eso lo que aún estamos en deuda de aprender a valorar, lo importante de ser auténtico y respetar las diferencias, así como darle el valor que merecen. No importa dónde hayas nacido, no necesitas ser un niño o niña superdotada, la música y el arte son tu derecho y tal vez sean tu camino si así lo sueñas y lo trabajas. 

Si quieres conocer más sobre la gran Violeta Parra, te invitamos a que profundices en la vida de esta gigante de la música, apasionarte con su obra, porque aunque se hable mucho de ella, siempre hay algo nuevo que descubrir.

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